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Prólogo de Hernán Casciari

Un muestrario no exhibe fragmentos dispersos; propone relaciones invisibles entre fragmentos

Sobre Contactos

PRÓLOGO · 18 de mayo de 2026 · 19:23

Hay escritores que empiezan buscando una historia y terminan encontrando una obsesión. A David Zamora le ocurrió al revés: fue una obsesión —la dificultad de conectar de verdad con otros— la que fue llamando a sus historias.

Contactos parece construido desde esa pregunta. No importa si en estos relatos aparecen muertos que organizan la trama, tecnologías íntimas, simulacros afectivos o vínculos que apenas se rozan: en todos late la sospecha de que comunicarse nunca es un acto simple. Ese territorio ambiguo, donde presencia y ausencia pueden parecer lo mismo, es el material profundo de este libro. También hay algo muy singular en su forma de reunir piezas diversas sin disolverlas en una unidad artificial: cada texto conserva su rareza y, sin embargo, dialoga con los demás como si fueran objetos acomodados en una vitrina secreta. De ahí que el título sea exacto. Un muestrario no exhibe fragmentos dispersos; propone relaciones invisibles entre fragmentos. Zamora escribe desde una sensibilidad donde conviven la imaginación conceptual, el pulso narrativo y una formación marcada por el cine, el teatro y las viejas estructuras del mito. Incluso cuando un cuento parece íntimo o realista, asoma una pregunta metafísica debajo. Esa tensión le da espesor a estos relatos. El resultado es un libro que no intenta resolver el enigma del contacto, sino volverlo literario.