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Prólogo de Hernán Casciari

En Fabián Berdiales esa pregunta no empujó una crisis sino una obra

Sobre Cuentos de amor, de magia y de guerra

PRÓLOGO · 19 de mayo de 2026 · 13:49

A veces la literatura no llega temprano: espera. Se queda agazapada durante décadas, detrás del trabajo, de los mandatos, de la vida práctica, hasta que un día aparece como una pregunta imposible de esquivar: para qué estuvimos acá. En Fabián Berdiales esa pregunta no empujó una crisis sino una obra.

Cuentos de amor, de magia y de guerra nace de ese momento raro en que alguien empieza a escuchar las ideas que antes dejaba pasar. Una frase anotada en un WhatsApp a sí mismo. Un sueño que insiste. Una imagen que pide convertirse en relato. De ese método secreto —casi de cazador de señales— están hechos estos cuentos. Hay en ellos algo muy atractivo: lo cotidiano nunca permanece quieto. Un gesto mínimo puede abrirse a lo fantástico, una escena doméstica puede inclinarse hacia la tragedia o la redención. Esa deriva tiene mucho que ver con el mar que Fabián imagina para su propia portada: un mar bravo, un faro, Finisterra como metáfora. No es casual. Sus historias también buscan orientarse en medio del oleaje. Y en el fondo laten preguntas que no son narrativas sino existenciales: qué dejamos, qué nos salva, qué sobrevive. Tal vez por eso amor, magia y guerra no son aquí tres asuntos distintos, sino tres formas de atravesar el destino. Hay escritores que empiezan publicando jóvenes y pasan la vida escribiendo. Fabián hizo el viaje inverso: vivió primero, escribió después. Y en esos casos, a veces, la ficción trae una densidad que no se aprende: viene cargada de tiempo.