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Prólogo de Hernán Casciari

A los trece años, Adriana Ramírez Azcona tuvo que cruzar la frontera

Sobre Del otro lado de la frontera

PRÓLOGO · 23 de julio de 2026 · 21:13

Adriana Ramírez Azcona tenía trece años recién cumplidos cuando vinieron a buscarla para cruzar la frontera. Alguna vez había fantaseado con vivir en Buenos Aires, pero para entonces el deseo ya había cambiado de forma: ahora no quería irse.

En Paraguay quedaban una casa, dos hermanas, una parte de la familia y una infancia pobre pero conocida. Del lado argentino esperaba otra vida, empujada por la decisión de una madre que había migrado antes para trabajar como empleada doméstica porque allá no alcanzaba para comer. Del otro lado de la frontera nace de esa herida partida en dos países. Adriana cuenta el desarraigo físico, pero también el desarraigo más difícil: entrar a una escuela nueva, descubrir que “paraguaya” podía decirse como insulto, aprender a defender una identidad que otros miraban con desprecio. Años después, ya docente de comunicación, escucha en sus alumnos esas mismas palabras usadas como burla y entiende que su historia personal también le dejó una antena. Este libro no se escribe desde el rencor, sino desde la necesidad de soltar una carga. Cada capítulo parece desprender una piedra de la mochila: la migración, la discriminación, los papeles, la distancia, la madre, las hermanas, el olor de una ciudad que prometía una cosa y trajo otra. Adriana cruza esa frontera otra vez, pero ahora con sus propias palabras.