Talleres Orsai
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Prólogo de Hernán Casciari

A Martín Coccaro la escritura le salió siempre para afuera

Sobre Descosidos

PRÓLOGO · 27 de abril de 2026 · 18:44

A Martín Coccaro la escritura le salió siempre para afuera. De chico escribía cuentos para la escuela, discursos para los actos, letras para canciones que después cantaba con la guitarra en una banda de nombre improbable. No era un chico que escribía para esconderse: escribía para decir, para compartir, para estar en el mundo.

Después vinieron los negocios, el trabajo, la vida en el campo, la separación, la crianza de su hija, la intemperie normal de cualquier adulto. Pero la escritura siguió ahí, latiendo. No como un proyecto de prestigio ni como una ambición profesional, sino como una forma de darles sentido a ciertas cosas que, si no se escriben, quedan boyando para siempre. Descocidos nace de esa necesidad. Es un libro sobre hombres, amigos, padres, tíos, perros, sobremesas, carreras, asados, silencios y derrotas. Pero no derrotas solemnes: derrotas de las que se aceptan y se siguen llevando encima, como una costura mal hecha. Martín encontró en esos vínculos masculinos —los heredados y los elegidos— una materia narrativa muy potente, y también una forma de regalarles a los suyos una memoria compartida. Hay algo muy noble en ese gesto. Porque este libro no quiere impresionar a nadie: quiere entender, rescatar, nombrar. Y acaso por eso conmueve. Detrás de cada cuento aparece un tipo que ya publicó poesía, que tiene miles de lectores en redes, que podría hacerse el canchero y no lo hace. Prefiere otra cosa: contar bien. Que no es poco.