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Prólogo de Hernán Casciari

Lalu entendió algo importante: casi nadie despega sintiéndose preparado del todo

Sobre Diario de siete despegues

PRÓLOGO · 28 de abril de 2026 · 11:54

Lalu Kim escribe como quien acompaña. No como quien baja línea desde un pedestal, sino como quien ya pasó por una tormenta, encontró una salida posible y vuelve sobre sus pasos para marcar el camino. Volar también se entrena nace de esa necesidad: la de contar una experiencia muy personal —la de convertirse en tripulante de cabina contra varios pronósticos— y transformarla en algo útil para otros.

Pero lo interesante del libro no está solamente en el mundo de los aviones. Está en otra parte. Está en la idea de que muchas veces uno no sabe todavía qué quiere, pero sí sabe con claridad qué ya no quiere más. Y que a veces eso alcanza para empezar a moverse. Lalu viene de una familia de docentes, escribió desde muy chica, tuvo diarios íntimos, cuentos escolares, textos que le servían para ordenar lo que sentía. Después la escritura se volvió más formal, más académica, más práctica. Pero seguía ahí, agazapada, esperando un tema que la encendiera de nuevo. Ese tema apareció cuando descubrió que el cielo también podía ser un lugar propio. Entonces escribió para entender su recorrido y, al mismo tiempo, para tenderle una mano a alguien más. Hay algo muy valioso en esa mezcla de experiencia, vulnerabilidad y generosidad. Porque este libro no habla solo de una profesión: habla del miedo, del deseo, de la preparación y de esa inseguridad tan común que nos hace creer que todavía no estamos listos. Lalu entendió algo importante: casi nadie despega sintiéndose preparado del todo. Primero se decide. Después se entrena.