Antes de que la inteligencia artificial acabe con el ingenio y de paso con la humanidad, Santiago Gómez Mejía nos sorprende con esta novela en la que el fútbol y el amor se entrelazan en un torbellino alucinante de personajes, situaciones y escenarios, que desconcertará hasta al más docto en esos asuntos.
Suspenso, intrigas, trapisondas, apuestas amañadas, amenazas, capos de la droga, crímenes, una justicia que apenas cojea, pistas que no acaban de llevar al destino, lecturas prohibidas, cartas escondidas y reencuentros apasionados, es lo que el lector encontrará en esta obra. No en vano, Santiago invirtió más de dos años en un riguroso proceso de investigación, escritura, revisión, corrección y opinión implacable de un par de confidentes, que asegurará el éxito editorial de “El año en que el destino jugó”. Esta novela va y viene de España a Colombia, describiendo con detalles el ajetreo periodístico de quienes presenciarán en primera fila las vicisitudes de un sueño gigante que terminó en frustración para un país en el que niños, jóvenes y adultos repiten alineaciones de memoria y juegan a ser directores técnicos de un fútbol orbital salpicado de intereses oscuros. No agregaré más que una invitación a que se siente en el sillón, se sirva un café cargado e inicie ya mismo la búsqueda del sobre de manila con una carpeta de cuero negro con su fétido olor a traición y muerte. Allí hallará la respuesta a casi todos los males de un país que convive con el miedo y sus propios fantasmas. Ya no hay vuelta atrás ni para los protagonistas, ni para usted que cayó en la tentación de leer “El año en que el destino jugó”. Pastor Virviescas Gómez.