Hay momentos en la vida en que una persona vuelve a preguntarse quién quería ser. A Luis Mandel esa pregunta lo encontró varias veces. De chico había imaginado algo muy claro: quería ser escritor.
Pero la vida no siempre sigue las primeras intuiciones. Un accidente grave de su hermana cambió el foco familiar y sus padres —como tantos padres— prefirieron que eligiera un camino más seguro. Terminó en un colegio industrial, después en la informática, más tarde en una carrera académica que lo llevó a vivir en Alemania. La escritura quedó en pausa. Volvió muchos años después, en un momento personal difícil. Una separación abrió una grieta por donde empezaron a salir historias que llevaban tiempo acumulándose. Y más tarde llegó otro episodio decisivo: el coronavirus. Luis estuvo muy grave. Hubo una noche en la que sintió, literalmente, que podía morir (los médicos también). Sobrevivió. A partir de entonces tomó dos decisiones que parecen opuestas pero responden al mismo impulso: empezó a escribir con disciplina y se compró una moto. Si la vida podía terminar en cualquier momento, pensó, entonces había que vivirla con intensidad. Historia de una falsificación reúne relatos que exploran la identidad, la memoria y esas ficciones personales que todos construimos para entender nuestra propia historia. Tal vez por eso el libro tiene un tono particular: cada cuento parece preguntarse cuánto de lo que recordamos es verdad y cuánto es una versión que inventamos para poder seguir adelante.