Talleres Orsai
← Volver a prólogos
Prólogo de Hernán Casciari

Paola Berias cose una trama pública con una herida privada

Sobre La costura

PRÓLOGO · 29 de septiembre de 2026 · 18:21

La costura empieza con una muerte y una llegada tarde. Lola Castilla, periodista argentina radicada en Madrid, vuelve a Buenos Aires para despedir a su padre, pero alcanza apenas a entrar en el hospital cuando la despedida ya se volvió imposible. Allí, entre pasillos de terapia intensiva y familiares que reclaman explicaciones, ve algo que despierta su oficio: una serie de muertes sospechosas, medicamentos, laboratorios, funcionarios, abogados oportunistas y silencios demasiado bien administrados.

Paola Berias construye una novela donde la trama pública y la herida privada avanzan cosidas con el mismo hilo. Lola cree quedarse para investigar un caso de fentanilo y corrupción sanitaria; en realidad, se queda para atravesar el duelo que venía postergando desde mucho antes. La ciudad la obliga a recorrer cementerios, museos, bares, oficinas, departamentos familiares y zonas de una memoria que no se deja ordenar con facilidad. Cada paso en la investigación abre también una pregunta sobre el abandono: el del Estado cuando deja solos a sus ciudadanos, y el íntimo, más difícil de nombrar, que se hereda dentro de una familia. Lo más poderoso de La costura es que no separa esas dos dimensiones. La Argentina aparece como un sistema capaz de tapar, demorar y dejar heridas abiertas; Lola, como alguien que aprende que volver no siempre significa quedarse, pero sí mirar de frente aquello que ya no puede seguir evitando. Incluso cuando la justicia queda pendiente y el amor filial se parece más a una cicatriz que a una respuesta para vivir después.