Talleres Orsai
Talleres/Blog/Prólogos/La gente hace lo que puede
← Volver a prólogos
Prólogo de Hernán Casciari

Los imprimió, los guardó en una carpeta y esperó el momento de entregarlos

Sobre La gente hace lo que puede

PRÓLOGO · 22 de julio de 2026 · 21:01

La gente hace lo que puede nació de una forma muy concreta de amor: un padre que todavía no sabía cómo llegar a su hija. Mientras la madre atravesaba el embarazo desde el cuerpo, Federico Ratosnik sintió que estaba un poco afuera de esa conversación secreta y decidió gestar lo que podía: cien cuentos.

Los imprimió, los guardó en una carpeta y esperó el momento de entregarlos. El primer intento fracasó porque Camila era demasiado chica. El segundo, cuando ella tenía cinco años, dejó una escena perfecta: la nena aceptó escuchar otro cuento, pero antes quiso saber si después podía ir a ver la tele. Él se ofendió, ella se preocupó, y ahí apareció quizás la primera herencia transmitida con éxito: la culpa. A partir de esa derrota mínima, el libro empezó a cambiar. Ya no era solamente un regalo privado para una hija, sino una colección de microrrelatos para leer en voz alta, reírse, preguntar, discutir y educar sin ponerse solemnes. Los cuentos están ordenados como mandamientos que se desobedecen un poco: empiezan en la comida, el juego o la naturaleza y terminan hablando de libertad, amor, amistad y de algo fundamental: no hacer caso siempre. Este tercer intento llega cuando Camila cumple diez años. Tal vez ahora funcione. Tal vez no. Pero en esa insistencia está la gracia del libro: nadie sabe del todo cómo criar, cómo escribir ni cómo llegar al otro. La gente hace lo que puede, incluso cuando no sabe muy bien qué está haciendo.