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Prólogo de Hernán Casciari

Allí el amor deja de ser ilusión y se vuelve conflicto, negociación, pérdida posible

Sobre La historia de una campera

PRÓLOGO · 29 de septiembre de 2026 · 18:20

La historia de una campera parte de una frase que parece sencilla y guarda una condena: hay historias que duran un instante y, sin embargo, ocupan una vida entera. La campera que atraviesa la historia funciona como objeto sentimental, como resto visible de una época en la que todo parecía estar empezando.

José Clemente construye una novela romántica sobre Santi, un contador obsesivo, estructurado y profundamente inseguro que en 2020, mientras el mundo se encierra, conoce por Twitter a Ana, una abogada de un pueblo cercano. Lo que empieza como conversación virtual se vuelve presencia, deseo, compañía y también desorden: Ana entra en la vida de Santi como una fuerza capaz de mover los muebles internos de alguien acostumbrado a controlar cada paso. La novela acompaña esa transformación en tres movimientos: el nacimiento del vínculo, la ruptura que provoca la inseguridad y el reencuentro, cuando aparece la pregunta más difícil: esa que surge cuando dos personas se aman pero no imaginan el futuro de la misma manera. Allí el amor deja de ser ilusión y se vuelve conflicto, negociación, pérdida posible. Pero no se queda en la nostalgia. Su tramo final abre una zona de duelo que resignifica lo vivido y obliga a mirar el amor desde su ausencia, cuando un instante mínimo se vuelve destino y ya nada permanece igual. Porque algunas historias no duran por lo que prometieron, sino por lo que siguen modificando cuando ya no hay manera de volver atrás.