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Prólogo de Hernán Casciari

Incluso cuando todo se apaga, algo insiste en volver

Sobre La luz es terca

PRÓLOGO · 5 de agosto de 2026 · 16:24

La luz es terca parte de una idea tan sencilla como poderosa: incluso cuando todo se apaga, algo insiste en volver. La novela cuenta la historia de Clementina, una mujer que llegó a Buenos Aires siendo niña, después de una violencia que le arrancó casa, madre, padre, nombre y origen.

Durante años pudo vivir, estudiar, trabajar, enseñar literatura, armar una rutina, pero no pudo nombrar del todo lo que había quedado enterrado. Las pesadillas, el cuerpo, ciertos vínculos y ciertos silencios le recuerdan que el pasado no desaparece porque uno decida no mirarlo. Florencia Álvarez escribe una novela de iniciación adulta: no el pasaje ingenuo de la infancia a la experiencia, sino ese otro tránsito, más difícil, en el que alguien debe volver a su propia historia para descubrir quién es. En ese camino aparecen un vecino, una comunidad, el bordado palestino, una higuera, la lengua, la memoria y la posibilidad de saber si el padre desaparecido está vivo o muerto. Todo en esta novela parece trabajar contra el borramiento: los documentos destruidos, los nombres cambiados, las escenas reprimidas, la cultura amenazada. Y sin embargo algo permanece. Una frase de la madre, repetida cuando se cortaba la electricidad, termina funcionando como brújula: la luz es terca, va a volver. Esta novela cree en esa terquedad. No como consuelo fácil, sino como una forma delicada y obstinada de seguir creciendo entre ruinas, recuerdos, vínculos que reparan y una identidad que vuelve a decir su nombre, sin renunciar nunca a la esperanza.