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Prólogo de Hernán Casciari

Poti llegó a Estados Unidos a los trece años, lejos de sus abuelos

Sobre La tercera abuela

PRÓLOGO · 23 de julio de 2026 · 21:01

Poti Pereiro imagina el comienzo de este libro como tantas noches en su casa: «Chicas, vengan para acá que papá les quiere contar una historia». La historia, esta vez, no es inventada. Habla de Helen, una mujer que apareció de golpe en un evento benéfico, se acercó a un argentino de veinticinco años y le dijo, como presentación, que en otra época había vendido muchas drogas.

Podría haber quedado en una anécdota absurda, pero de ese primer diálogo nació una amistad que ocupó un lugar enorme. Poti había llegado a Estados Unidos a los trece años, lejos de sus abuelos, con una nostalgia que no siempre encontraba nombre. Helen entró por ese hueco: primero como amiga, después como presencia familiar y finalmente como abuela de sus hijas. La familia argentina la adoptó con naturalidad; ella, a su vez, se tomó en serio cada cumpleaños, cada tratamiento, cada nena en brazos, cada forma posible de dar amor. Cómo una extraña se convirtió en abuela cuenta esa transformación sin esconder el cansancio de acompañar una enfermedad larga ni la incomodidad de empujar a alguien a seguir cuando ya no quiere. También cuenta un legado concreto: Helen dejó pagada la universidad de las tres chicas. Pero el verdadero legado es otro. Este libro existe para que ellas sepan, cuando alguien les pregunte quién fue esa mujer, que no recibieron solo dinero. Recibieron una historia de amor.