Talleres Orsai
Talleres/Blog/Prólogos/Lo que no supimos decir
← Volver a prólogos
Prólogo de Hernán Casciari

Sebastián Meresman terminó de escribir su libro y, en vez de celebrar, dudó

Sobre Lo que no supimos decir

PRÓLOGO · 19 de junio de 2026 · 14:18

Cuando Sebastián Meresman llegó al final de este libros hizo algo raro para un escritor: en vez de celebrar, dudó. Pensó que algunos cuentos no estaban a la altura de otros. Sospechó que convenía sacarlos. Esa desconfianza revela bastante sobre este libro. Porque Lo que no supimos decir nació bajo una tensión constante entre dos impulsos: la necesidad de contar rápido y el miedo a que algo importante quede afuera. Sebastián estudió comunicación, trabajó muchos años con la escritura periodística y arrastra desde la infancia una obsesión por atrapar al lector antes de perderlo.

Quizás por eso sus relatos avanzan hacia el núcleo. Van al hueso. Evitan rodeos. Algunos nacieron durante la pandemia, otros sobrevivieron de textos anteriores, otros aparecieron después de ejercicios o búsquedas personales. Reunidos acá forman una respiración nueva. Hay vínculos que se desgastan, recuerdos que deforman la realidad, personajes que conviven con obsesiones silenciosas y pequeñas escenas donde lo cotidiano se corre apenas unos centímetros hasta volverse inquietante. También aparece algo más difícil de nombrar: una insistencia en explorar aquello que nunca termina de decirse entre personas cercanas. El título entiende eso mejor que cualquier explicación. Lo que no supimos decir podría referirse a una pareja, a una familia o incluso a uno mismo. De chico, Sebastián escribía cuentos porque era un chico intentando comprender cosas de chicos. Con el tiempo cambió el tamaño de las preguntas, no el mecanismo. Este libro parece construido desde esa continuidad secreta: alguien que todavía usa historias para acercarse a zonas de sí mismo que, fuera de la ficción, siguen sin encontrar palabras.