Walter Tomasini escribe como vivió: sin pedir permiso, con impulso, con barro en las manos y una anécdota esperando a la vuelta de la página. Miedo go home nace de una urgencia sencilla y profunda: no dejar que una vida intensa se pierda en el aire.
Los viajes, los negocios, los accidentes, los excesos, los deportes extremos y esa manera de avanzar siempre un poco al límite encuentran en estas páginas un orden inesperado. No se trata de una suma de recuerdos sueltos, sino de la construcción de un personaje verdadero, alguien que entendió que la experiencia también puede narrarse como una novela. Walter no viene del mundo de los libros ni de la corrección solemne. Viene de la calle, del trabajo, de la noche, del riesgo, de la intuición, y tal vez por eso su voz tiene algo raro y valioso: no decora, no disimula, no posa. Cuenta. Y al contar arma un legado. Lo que aquí aparece no es solo el pasado de un hombre que hizo de todo, sino el retrato de alguien que, al mirar hacia atrás, encuentra una forma de dejarles a sus hijos y a sus nietos algo más durable que la hazaña: una memoria viva, desprolija, valiente y entrañable.