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Prólogo de Hernán Casciari

María Eugenia Ferrero escribe desde un lugar muy concreto: la urgencia

Sobre Saldo a favor

PRÓLOGO · 27 de abril de 2026 · 19:14

María Eugenia Ferrero escribe desde un lugar muy concreto: la urgencia. No la urgencia de publicar, sino la de decir algo antes de que se diluya.

Durante años escribió como muchos escriben: en chispazos, en cuadernos, en textos sueltos que circulaban entre amigos y familia, en ese pequeño ecosistema donde todo parece suficiente. Pero en algún momento entendió que escribir un libro es otra cosa. Que no alcanza con tener textos: hay que trabajarlos, ordenarlos, darles un sentido, sostener una disciplina. Saldo a favor nace exactamente ahí, en ese pasaje entre la inspiración y el trabajo. Lo interesante es que esa disciplina no le quitó frescura, sino que le abrió nuevas puertas: los textos crecieron, aparecieron otros, y lo que era un conjunto disperso empezó a tener forma de libro. Hay en estos relatos una mirada íntima, atravesada por la memoria, la maternidad, el paso del tiempo y, también, por la conciencia de la fragilidad. Pero lejos de quedarse en un tono oscuro, hay algo que los recorre de punta a punta: una decisión vital. María Eugenia ha atravesado situaciones límite que podrían haber teñido todo de pesimismo, y sin embargo eligió otra cosa. Esa elección —la de mirar el mundo con un optimismo activo, casi desafiante— es la que sostiene el libro. Por eso el título no es casual: Saldo a favor no es una conclusión ingenua, es una postura. Este es un primer libro, sí, pero también es el resultado de alguien que entendió que la escritura no es un lugar donde refugiarse, sino una forma de estar más despierta.