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Prólogo de Hernán Casciari

Al contrario: lo vuelve materia viva, con sus heridas, sus contradicciones y su belleza

Sobre Todos estos días son ciertos

PRÓLOGO · 22 de julio de 2026 · 21:17

En los cuentos de Todos estos días son ciertos hay algo que se siente verdadero incluso cuando la historia se corre apenas de la realidad. Tal vez porque José Páez escribe desde un territorio conocido, no solo en el sentido geográfico —los pueblos del norte, la ciudad de Córdoba, los paisajes ásperos de una memoria provincial— sino también en el sentido emocional.

Sus personajes arrastran deseos, culpas, violencias, nostalgias y búsquedas que no necesitan hacer ruido para quedarse con nosotros. En estas páginas aparecen hombres y mujeres atravesados por conflictos íntimos y sociales, pero también por una tensión más profunda: la de querer entender quiénes son mientras el mundo alrededor cambia, empuja o lastima. Hay en estos relatos una forma de mirar que no idealiza el origen ni lo convierte en postal. Al contrario: lo vuelve materia viva, con sus heridas, sus contradicciones y su belleza. José escribe como alguien que ha escuchado durante mucho tiempo antes de decidirse a hablar. Y quizá por eso sus cuentos tienen esa cadencia serena, esa respiración atenta, ese modo de avanzar sin apuro hacia un centro que siempre termina tocando algo esencial. Todos estos días son ciertos es el primer libro de un autor que no llega a la literatura por impulso, sino por persistencia. Y eso se nota: cada cuento parece haber esperado el tiempo necesario para encontrar, por fin, su forma justa.