Tuya y del Partido cuenta la historia de una conciencia que empieza a salirse del lugar donde la habían puesto. Raquel tiene veinticinco años, un hijo chico y un marido militante comunista detenido en 1943, primero en Devoto y después en la isla Martín García. Esa historia se contó siempre mirando hacia él: el preso político, el hombre de ideales, el que soporta el encierro.
Luciana Porfirio elige mirar hacia ella. Qué pasa con la mujer que queda afuera, sola, obligada a sostener la casa, criar, escribir cartas, administrar la espera y descubrir que el mundo es mucho más ambiguo que las consignas que hasta entonces le daban sentido. La novela trabaja con cartas reales, memoria familiar y ficción para contar una transformación íntima en medio de una época convulsionada. Raquel conoce una Buenos Aires atravesada por clases sociales, tensiones políticas, mandatos judíos, peronismo naciente, violencia doméstica, militancia y deseo. El encuentro con otros mundos —la alta sociedad, una vecina sometida, un hombre anarquista capaz de hacerle preguntas incómodas— empieza a desarmar sus certezas. No se trata de abandonar ideales, sino de entender cuánto había de mandato dentro de ellos. Tuya y del Partido recupera una voz que había quedado al costado de la épica masculina. Y demuestra que la revolución a veces ocurre cuando una mujer deja de ser el personaje secundario de la historia ajena y empieza a escribir la propia, con letra firme, por primera vez ante todos nosotros, ahora mismo.